DANIEL BRAGINI

Familia cercana

 

En el año 2004, una operación de bypass triple, despierta en mi padre el mal de Alzheimer. Esta enfermedad que empieza con la pérdida paulatina de la memoria reciente, deja espacios en blanco en los recuerdos. En su caso los deterioró de tal forma, que decía tener distintas edades, dejaba de recordar el parentesco respecto de mis hermanos y yo, o le preguntaba a mi madre si ella era su esposa.

 

El Alzheimer torna al enfermo en un descreído pero total dependiente de sus familiares cercanos, y a éstos, en una suerte de esclavos de su enfermedad. Quien la padece, deja de ser la persona que era y su conducta se vuelve una enorme prueba para quienes comparten su espacio: mi papá repetía acciones y formulaba las mismas preguntas reiteradas veces. Su violencia verbal y física, características del Alzheimer, se incrementaban con el correr de los meses, pero él olvidaba de inmediato y negaba el daño que acababa de infligir, trasformando la casa en una cárcel a la que no se quiere entrar y de la que no es posible salir.

 

Él tenía momentos de relativa lucidez, en los que con alguna conciencia de su estado, caía en una profunda depresión.

El problema impactaba casi por completo en mi madre; su salud desmejoró tanto que su vida estuvo en riesgo; aún así, entera de espíritu,

algunas mañanas se levantaba cantando.

 

En esta selección de fotografías no pretendo hacer un juicio de valor sobre las personas involucradas, ni una descripción de la enfermedad en la vejez, sino mostrar una mirada personal sobre una experiencia por la que pasamos o vamos a pasar la gran mayoría de las personas, donde tanto los enfermos como los sanos son padecientes. Lo hago destacando el amor que vi perdurar hasta el final en mis padres, a pesar de no tener una excelente relación, a pesar de los problemas, a pesar de todo...

 

Mi padre fallece cuatro años después a causa la enfermedad, momento en que doy por concluida la

toma de imágenes.

 

 

Daniel Bragini